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NOTICIA

Oración del Escritor (A Jesús Crucificado)
Por Gloria Riestra

Señor, Luz del mundo, Maestro supremo desde la Cruz hacia la cual todas las cosas convergen; desde el abismo de mi indigencia clamo a Ti, que has querido confiarme la misión preciosa y terrible de hablar a los hombres. Yo sólo quiero hablar de lo divino, y de todas las cosas dentro de lo divino.

Maestro, Tú presides mi mesa de trabajo como el altar de la ofrenda más humilde. Tus moribundos ojos que iluminan al mundo, son la luz de mis páginas. Óyeme. No te pido tanto el esplendor de la sabiduría humana, como el fuego de la iluminación interior. Ni tanto el don de producir la belleza, como el de comunicar el amor. Porque mi fin, en esta hora aciaga de la tierra, Tú lo sabes, el fin por el que trabajo, me desvelo y me empeño, es el de convencer a los hombres de la necesidad de volver a Ti, del deber de reconocerte, y del gozo de amarte.

Señor, la multitud tiene hambre y sed de Ti. Junto a los que maquinan por precipitarla en las tinieblas, mi libro, mi columna, sean por Tu gracia un diminuto fermento de caridad y de luz. Señor, cuando en esta forma me colocas ante la multitud, sea para que todos miren, no a mí, no a mi palabra, sino a Ti para que se cumpla Tu palabra: "Cuando fuere levantado en alto, atraeré todo hacia mí"...

Levantarte en alto, Señor, ese es mi ideal. Tú sabes bien que no apetezco la gloria del mundo. Lo que yo quiero es Tu gloria. Tu gloria es la mía. Señor, eres Tú quien ha puesto la pluma en mis manos. La pluma, Tú lo sabes, es toda una cruz cuando nos percatamos de su peso tremendo; porque toda página ahora va colmada de vida o de muerte para las almas. Señor, que yo lleve esta cruz con fruto de eternidad. Húmeda de Tu Sangre preciosa, mi pluma, en mis manos levantadas al cielo, despojadas de toda avidez de premio pasajero, no traduzca sino Tu mensaje...

Llevando esta cruz, también quiero recordarte todos los días mi debilidad. No permitas que el desaliento haga presa de mí, ni por la persecución, ni por la indiferencia, ni por la incomprensión, ni aun por las vicisitudes de mi vida. Haz que yo escriba hasta la última línea que tienes pensada, y se Tú mi fortaleza.

Dame cada vez más humildad, y más gratitud pues has querido en alguna forma valerte de la nada que soy, para recordar a los hombres el Todo que Tú eres. Ante todo se cada vez más mi ideal, para ser cada vez más capaz de proponerte como ideal a los otros. Consúmame en Tu semejanza para que yo pueda con veracidad invitar a Tu semejanza. Para esto clávame Contigo por encima del mundo, para que en el magisterio de mi pluma pueda enseñar con visión sobrenatural desde la altura de la Cruz.

Haz que la promesa del Consolador se realice en mí. Haz que no tanto mi obra como mi vida sean un vivo recuerdo de Ti; un memorial de Jesús, y de éste, Crucificado...

Señor, ¡Tú eres todo lo que quiero saber, y lo único que pretendo enseñar! ¡Concédemelo!

   
folia UAG