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NOTICIA

Despierta Polémica la Cinta de Mel Gibson
Por José Antonio Rolón Velázquez

¡Cómo serán llorones los indigenistas que viven en México! Y sobre todo sus líderes y gurús que los dirigen. Ahora resulta que la nueva película de Mel Gibson es considerada “cruel”, “dramática” y “parcial”, según los “expertos”.

Tampoco es una mezcla de tradiciones entre mayas y aztecas, según otros “expertos”, que dicen los aztecas sí eran muy sanguinarios. Nada más alejado de la realidad. Los propios mayas dejaron evidencia de sus costumbres y tradiciones.

¡Lástima que los expertos sólo tengan elogios para una “civilización” tan avanzada como la maya! ¡Dizque eran los únicos que podían hacer abstracciones, porque conocían el “cero”, dizque eran los mejores artistas etc. Etc.

Cuando se analizan los murales de Bonampak con seriedad, cuando no sólo se ven los “colores” que usaban estos “grandes artistas”, allí está la historia de la decadencia de los mayas. Allí está la explicación de su extinción.

Cuánta razón tiene el historiador W. Durant, en la cita inicial de la película Apocalypto, que dice: “Una gran civilización no es conquistada desde afuera hasta que se destruye ella misma desde dentro”. Eso es lo que narra la cinta de Apocalypto.

Y eso es lo que narran los murales de Bonampak: En 1946 Giles Healey, un joven fotógrafo que exploraba en el sur de México, se encontró con un edificio oculto por la selva. Hay tres salas con una serie de murales que representan una narración ceremonial. De allí el nombre de Bonampak, que en maya significa “paredes pintadas”.

En la primera sala empiezan los preparativos del rito, con trompetas y máscaras de sus dioses. Los jefes o caciques con túnicas blancas en la parte superior, tres capitanes del jefe, ataviados con pieles de jaguar, collares de jade, aretes y brazaletes.

En la segunda sala, sus murales representan, después de la procesión ceremonial, la incursión de los guerreros que atacan una aldea con el único fin de tomar prisioneros para sacrificarlos a sus dioses. Atacan con mazas, lanzas. Sus víctimas, sin armas, todo indica que estaban desprevenidos. El jefe sujeta a un cautivo por el cabello y sus capitanes cerca de él listos con sus lanzas. ¡Es lo que narra Mel Gibson! De regreso a Bonampak, el jefe está sobre las gradas de una plataforma ceremonial y pronuncia, con rostro severo, la sentencia fatal de los cautivos. Participan en el rito los nobles mayas vestidos con horripilantes cabezas de animales. En tanto un prisionero levanta los brazos pidiendo, en vano, clemencia. Los pobres aldeanos se muestran aterrorizados ante su inminente muerte.

En el mismo mural, tres prisioneros sangran de los dedos ante las heridas rituales que les hacían antes de sacrificarlos. Bajo la grada del jefe yace un prisionero muerto y cerca de su pie una cabeza decapitada, que yace sobre una capa de hojas ceremoniales.

En la tercera sala, mientras los prisioneros son conducidos a su sacrificio, el halach uinic. Se sienta en un estrado ceremonial, y completa la ceremonia sangrándose la lengua, mientras músicos y cortesanos marchan a la escena del sacrificio. Los miembros de la orquesta tocan largas trompetas de madera y otros hacen sonar güiros y maracas.

¿Cómo se extinguió una cultura tan adelantada? Pues matándose entre ellos mismos, sacrificándose en honor a los dioses de la fertilidad, de la lluvia, de la guerra. Arrojando a las doncellas a los cenotes sagrados, así, ¿cómo se iban a reproducir? El ritmo enloquecido de los sacrificios los empujó al autoexterminio. “Y es sabido que a la llegada de Cortés la civilización-religión maya, estaba casi enteramente muerta por ella misma”.

Artículo publicado en el Diario Ocho Columnas el 22 de enero de 2007

   
folia UAG